Por su origen, por su lucha y objetivos, por su trato con gente de su misma condición, Zapata se identificó inmediata y permanentemente con el pueblo. Su indeleble marca sigue imborrable en la memoria colectiva del pueblo. En Chilpancingo, la antigua calle Zapata, convertida ahora en andador comercial existe un modesto busto de este líder revolucionario, que hoy recibió ofrenda de flores del ayuntamiento y algunas poblaciones.
Las palabras de Zapata, tanto como su memoria, siguen inspirando rebelión, sed de justicia (cosa en México virtualmente inexistente):
Y claro, aprovechando el retruécano, no falta quien aproveche de buena forma las palabras para expender sus productos:
Aún hay quien recuerda la toma de Chilpancingo por parte de huestes zapatistas, o la estancia de Don Emiliano en Chilapa, donde le fueron tomadas algunas de sus más célebres fotografías, por parte de don Amando Salmerón. Su memoria en Guerrero se muestra, como una pequeñísima muestra de aprecio, en los sellos de las comisarías municipales y de bienes ejidales de todo el estado, como señal de apego a sus ideales y, principalmente, a la tierra, que con su sangre defendió. Pero todo esto es tema para otras entradas.
¡¡¡VIVA ZAPATA!!!

